This is an archive copy of wikilivres.ca as of 18 February 2017 (from the WikiTeam dump). The original site is closed.

Template:Extracto: Difference between revisions

Free texts and images.
Jump to navigation Jump to search
imported>Luciana
No edit summary
imported>Luciana
No edit summary
Line 1: Line 1:
<div class="text">
<div class="text">
[[Floreal]] de [[Clemente Palma]]
[[La cajetilla de cigarros]] de [[Ricardo Palma]]




[[File:Cuentos p.149.jpg|80px|left]]{{sc|abía}} gran alboroto entre las flores del jardín de la marquesita Elodia.  
[[File:Cuentos p.27.jpg|75px|left]]{{sc|quella mañana}}, la del 7 de Junio de 1880, habían corrido raudales de sangre peruana en el legendario Morro de Arica. Francisco Bolognesi, el inmortal soldado, había sucumbido, cayendo en torno suyo 900 bravos de los 1.600 que formaban su cuerpo de ejército.  


{{indent|5}}Se había batallado ''hasta quemar el último cartucho'', y 6.500 soldados chilenos se adueñaron del Morro, sin más pérdida para ellos que la de 144 muertos y 337 heridos.


Durante la noche había venido S. M. el rey Momo, acompañado de sus consejeros Arlequín y Pierrot, las había despertado á todas y ordenádolas celebrar las Carnestolendas. Esto, después de bromear un rato, de piropearlas y de hacer picarescas alusiones á la linda marquesita, chanzas que aplaudían Pierrot y Arlequín soltando grandes risotadas y agitando endemoniadamente los cascabeles.  
{{indent|5}}La lucha fué en la proporción de uno contra cuatro. La victoria no correspondió al esfuerzo heroico, sino al número inflexiblemente abrumador.  


{{indent|5}}En momentos de pronunciarse el desastre, un joven capitán peruano, á quien acompañaban cuatro soldados, golpeó con la culata de su rifle el fulminante de una mina, produciéndose la explosión, que mató á tres de los enemigos, dejando heridos y contusos á muchos más.


{{indent|5}}Todas hablaban á la vez. La rosa bachillera charlaba hasta por las espinas; la camelia ensartaba discurso tras discurso; el jazmín se reía á caquinos; el nardo hacía enrojecer á sus compañeras con sus bromas de color subido; la traviesa peonia se arrastraba cautelosamente y pellizcaba los tallos á las flores vecinas; el muy mentecato del narciso hablaba distraídamente, porque toda su atención la ponía en acicalarse con las gotas de rocío; las buenas tardes querían seguir durmiendo, pero los tunantes claveles, apenas las veían dormitando, las daban insolentes besos en los pétalos; el heliotropo hablaba al oído de una margarita no sé qué cosas, que la turbaban y hacían reir; la azucena recitaba oraciones matinales (¡á la muy tonta se le había metido entre hoja y hoja ser monja!); la violeta era la única que no hablaba ni se movía: soñaba en las frases de amor que, en voz baja, la venía murmurando, desde hacía tiempo, un apuesto galán de noche... ¡Pobrecilla! ¡Ya no resistiría más y pronto cedería!...  
{{indent|5}}Disipada la espesa nube de polvo y humo, se encontraron el capitán García y sus cuatro valientes rodeados por un grupo de treinta soldados chilenos al mando del teniente Luján.  


{{indent|5}}Toda resistencia era imposible, y los cinco peruanos fueron hechos prisioneros.


{{indent|5}}— ¡Qué batahola!
{{indent|5}}En esos momentos se presentó un coronel, quien, informado por Luján del estrago producido por la mina, dijo lacónicamente:


— Celebremos el carnaval con un fastuoso baile,— propuso la coquetuela de la rosa.  
{{indent|5}}— Baje usted con esos hombres á la falda del Morro y fusílelos.  


— ¡Bravo! ¡Bravo! — gritaron las flores.  
{{indent|5}}Y vencedores y vencidos emprendieron con lentitud el descenso de trescientos á cuatrocientos metros que los separaban de la llanura.  


{{indent|5}}Habrían caminado ya una cuadra, cuando el capitán García se detuvo, y sin fanfarronería, con entera serenidad de espíritu, le preguntó al oficial chileno, que tenía aspecto de buen muchacho:


<div align="right">'''[[Floreal|continuar leyendo...]]'''</div>
{{indent|5}}— ¿Me permite usted, teniente, encender un cigarrillo?
 
 
 
 
<div align="right">'''[[La cajetilla de cigarros|continuar leyendo...]]'''</div>
</div>
</div>

Revision as of 14:41, 17 July 2012

La cajetilla de cigarros de Ricardo Palma


quella mañana, la del 7 de Junio de 1880, habían corrido raudales de sangre peruana en el legendario Morro de Arica. Francisco Bolognesi, el inmortal soldado, había sucumbido, cayendo en torno suyo 900 bravos de los 1.600 que formaban su cuerpo de ejército.

‎Se había batallado hasta quemar el último cartucho, y 6.500 soldados chilenos se adueñaron del Morro, sin más pérdida para ellos que la de 144 muertos y 337 heridos.

‎La lucha fué en la proporción de uno contra cuatro. La victoria no correspondió al esfuerzo heroico, sino al número inflexiblemente abrumador.

‎En momentos de pronunciarse el desastre, un joven capitán peruano, á quien acompañaban cuatro soldados, golpeó con la culata de su rifle el fulminante de una mina, produciéndose la explosión, que mató á tres de los enemigos, dejando heridos y contusos á muchos más.

‎Disipada la espesa nube de polvo y humo, se encontraron el capitán García y sus cuatro valientes rodeados por un grupo de treinta soldados chilenos al mando del teniente Luján.

‎Toda resistencia era imposible, y los cinco peruanos fueron hechos prisioneros.

‎En esos momentos se presentó un coronel, quien, informado por Luján del estrago producido por la mina, dijo lacónicamente:

‎— Baje usted con esos hombres á la falda del Morro y fusílelos.

‎Y vencedores y vencidos emprendieron con lentitud el descenso de trescientos á cuatrocientos metros que los separaban de la llanura.

‎Habrían caminado ya una cuadra, cuando el capitán García se detuvo, y sin fanfarronería, con entera serenidad de espíritu, le preguntó al oficial chileno, que tenía aspecto de buen muchacho:

‎— ¿Me permite usted, teniente, encender un cigarrillo?