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Canto secular

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Canto secular
escrito por Moisés Numa Castellanos
Publicado en el « Almanaque Sud-americano para 1901 » ~ Ortografía original. ~ (¹)


Confraternidad Hispano Argentina


‎Genio indomable de la excelsa raza
por quien el Genio triunfador de Roma
fuerte resurge y á tu honra, el brillo
‎cede la suya;

‎Tú, cuyo enlace con la gloria, al orbe
Sagunto en roja llamarada anuncia,
y arde Numancia y, al fulgor, los astros
‎lívidos ruedan;

‎Tú, que al romano, del astur y el sobrio
cántabro, opones la fiereza estoica,
y porque rindes la cerviz potente,
‎Roma vacila;

‎Tú, que la linde que á las almas puso
Naturaleza, con Guzmán rebasas,
y al heroísmo de los hombres, solio
‎das en Tarifa;

‎Tú, á quien en pugna formidable, vieron
el Guadalete restaurar los siglos
con la que mira, del Genil, sus torres
‎sobre las ondas;

‎Y de la tierra, que encontraste informe,
trazas la curva desde frágil pino:
¡sea! dijiste, y al hispano acento
‎fué el nuevo mundo;

‎¡Tú, que del tiempo los instantes llenas,
todos los puntos del espacio ocupas,
y al sol detienes, y, á tu gloria, el día
‎brilla infinito!

‎¡Oh, Genio excelso de la raza excelsa!
El pueblo joven que al surgir el siglo
sintió en sus venas circular tu sangre
‎nunca domada;

‎Y el ansia viva que en tus hijos pones
en él, del alma libertad, enciendes,
y haces que el grito que resuena en Cádiz
‎vibre en el Plata.

‎El pueblo heroico que del rayo armado
nace, y cual ígnea tempestad, se espande,
y vuela, y triunfa, y, á su voz, un mundo
‎libre despierta.

‎Ese, á quien fama da el varón glorioso
que tú educaste con designio fiero
y en quien el numen de la raza ardía
‎puro y sublime.

‎Y á cuyo paso cauteloso, inclinan
su sien los Andes, y de la ardua cumbre
mares y pueblos ve á sus pies, y en torno
‎mundos y soles.

‎Baja, de augusta majestad envuelto,
sálvase Chile y el Perú renace;
y acude al Guayas, y á su sien el lauro
‎ciñe Bolívar.

‎¡Alma de acero, corazón de niño!
¡Hoy las naciones que salvó tu brazo,
hacia su gloria, ¡San Martín! por senda
‎próspera, avanzan!

‎¡Genio indomable de la raza! El pueblo
á quien del alma libertad en nombre,
otras enseñas y otro amor, del siglo
‎diste en la aurora;

‎Ese, que hidalgo, como tú, sus hechos
nunca su honrada tradición desmienten;
más generoso, por doquier sus glorias
‎dicen su estirpe.

‎¡De la centuria cuyo albor te viera
al áureo cetro substraerle invicto,
hoy, con la hispana confundir su insignia,
‎te ve el ocaso!

‎¡El nuevo siglo que en oriente asoma
unidas siempre por doquier las mire,
como á robusta secular encina,
‎palma procera!

‎Con ellas surquen los undosos mares
naves potentes de riqueza henchidas,
y en son de triunfo, de apartadas zonas
‎vuelvan al puerto.

‎Renazca ¡oh Genio! con su augusto nombre
y llene el mundo la grandeza hispana,
¡el lauro de oro que la madre ciñe
‎honra á sus hijos!

‎Y por encima de los que hoy, al hombre,
bastos influjos, con doblez gobiernan,
vuelvan gloriosos á encender las almas
‎tus ideales!

‎De las regiones que al rosado oriente
ven las primeras encumbrarse el día,
hasta los mares en que el sol su carro
‎hunde y se apaga;

‎Mar sin riberas, su caudal sonoro
lleve el divino castellano idioma,
¡ese, el imperio donde el sol radiante
‎nunca se pone!

‎¡Dios de la raza que llevar más lejos
é invictas siempre tus banderas supo,
la que en Lepanto te salvó, y asombro
‎fué de la historia!

‎¡Que, venturosa, la nación hispana,
del continente que surgió á su esfuerzo,
el gran senado de naciones libres,
‎libre presida!

‎Tú, á quien el siglo que fenece, esclavo
te halló á su aurora, y, al morir, te deja
como los Andes, como el mar y el viento,
‎libre y grandioso.

‎Que en la centuria que amanece, pasmo
seas del orbe; tu pujanza crezca;
busquen tu seno las naciones; clara
‎brille tu gloria.

‎Que donde surja tu bandera, hermanos
los hombres sean; la justicia impere;
triunfe el derecho ; vierta la abundancia
‎todos sus dones.

‎No á los afanes del trabajo sólo
tiendas la oliva: para el Arte, en medio
de rubias mieses, del laurel la grata
‎sombra se ofrezca.

‎Y no haya al genio de la raza, estadios
donde no triunfe, sirtes que no salve,
luz que á su impulso vencedor, no encienda
‎soles y auroras.

‎Ni el refulgente luminar del cielo
mayor grandeza que la vuestra alumbre,
¡Patria española, de naciones madre!
‎¡Patria argentina!...

‎Buenos Aires, Julio de 1900.


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