This is an archive copy of wikilivres.ca as of 18 February 2017 (from the WikiTeam dump). The original site is closed.
Nevando
| Nevando escrito por Marcelino Menéndez y Pelayo |
| Ortografía original. ~ Publicado en Montevideo, en el « Almanaque ilustrado del Uruguay (1912) » ~(¹) |
Aquí dentro, fuego; ahí fuera, nieve ... Así eres tú, como dijo aquel poeta que te quiso.
Fuego como éste, calor de hogar, manso, no enervante como el del sol de estío, que ata el ingenio y detiene la fantasía, y entraña al par los movimientos del cuerpo y del pensamiento; fuego tranquilo del que no hay que temer que suba á incendio; fuego alimentado de excelsas materias, de troncos generosos que un día tuvieron flores, y cuando ya no las tienen, privados de alegrarnos con ellas los ojos, se dan en pasto á la llama para volver á ser útiles y prestarnos abrigo y consuelo ...
Tal hubiera sido tu gran amor, estoy seguro. Primero, flores; luego, luz y calor...
¡Sí la vieras esta noche, qué bonita, tú, á quien tanto gusta la nieve!
¡Sí pudiera yo verla contigo, yo, á quien tanto gustas tú!
Ha caído de repente y durará un momento.
No es la nieve frecuente encanto de estos climas, como en el mundo son raras las muchachas como tú.
Aparece siempre á nuestros ojos como espectáculo nunca visto, y viene á herir toda nuestra fantasía con la intensidad y la fuerza de un pensamiento nuevo.
Así, á través de uno y otro dolor verdadero y de una y otra ficticia aventura, viene, blanca como la nieve, tu memoria, á llenar de poético y triste encanto el pensamiento. Baja sobre él mansamente, como bajan sobre el agostado jardín esos copos y le van formando esta blanca vestidura, que, con ser tan fría, parece que ha de abrigarle y protegerle.
Como es tan raro que nieve, hasta la luna, esta esquiva de quien apenas conservamos memoria, se ha dignado salir á verla.
Yo la he saludado con la misma alegría que á tí, cuando, pasado un luto, apareces en una fiesta, y pensando en tí me he puesto á contemplar el maravilloso espectáculo de sus reflejos sobre la nieve.
¡Qué luz tan melancólica, tan hermosa! ¡Qué musa!
La nieve, que es triste, parece sonreír ante las caricias del astro, como se sonríe tu rostro pálido al sentir sobre sí la luz de unos ojos.
¡Sí pudieras verlo, tú, á quien tanto gusta la nieve!
Durará un momento, pero la impresión de esta delicada belleza de la nieve vivirá aún largo rato en mis ojos, como en mí memoria la de tu hermosura, con que me alumbro en las tinieblas y obscuridades de la vida.
A mí me gusta la nieve, porque te gusta á tí, y á tí te gusta porque es blanca.
Y repara que quizá no he dicho una simpleza.
Blancos son tus pensamientos, y tus sueños, y tu alma, y tu rostro, y blanco tiene que ser todo lo que te guste, y por ser blanco es por lo que tiene que gustarte, porque todo lo blanco es la pureza, lo inmaculado, no lo vulgar, y tú no puedes encontrar bello nada que no sea así.
En el jardín del mundo, del que sois vosotras las flores, —y nosotros pudiéramos ser los árboles, quién el fuerte roble, quién el laurel glorioso, quién, ¡ay! el ciprés tristísimo, —las hay de todos colores y aspectos. Prefiere uno los claveles porque son alegres; otros los encuentran vulgares y eligen la rosa de te, por lo triste, por lo aristocrática; hay quien escoge los pensamientos por lo que significan, y porque no se pagan de exteriores encantos.
Pues bien: en ese jardín, tú eres la rosa blanca, la que todos admiran aun sin atreverse á aspirar á ella, la que no se discute, la que no admite comparaciones ni rivalidades.
El blanco es la suma de todos los colores, de todas las bellezas de la vista, por lo tanto.
La pureza, que es blanca entre los matices del espíritu, es la suma de todas las virtudes, de todos los afectos tiernos y generosos...
Vistas á través de tu alma, la vida y la naturaleza humana se transfiguran y enbellecen; bajo ella ocultan sus asperezas la una, su flaqueza y su miseria la otra.
En lo cual eres todavía igual que la nieve, que cubre con una inmaculada alfombra el lodo y el sucio aspecto de la calle ó del camino.
Celestemente hermosa sois tú y la nieve.
Parecen estos copos pétalos de rosas blancas que alguien se entretiene en deshojar desde arriba ...
Díríase que ibas tú á pasar por debajo.
Y eso parece tu rostro, no blanco, sino nevado.
Pálido, no por falta de color, sino por sobra de blancura... ¡Hermosas sois tú y la nieve!
¿Por qué va á tí mí pensamiento siempre que veo nevar? También es blanco el sol y no se te parece, sin embargo.
¿Será que son tristes la nieve y tu recuerdo?
Ello es que, de tal modo os asocio yo en mí mente, «que no parece sino que eres tú la que nievas.
| Works by this author are in the public domain in countries where the copyright term is the author's life plus 113 years or less. cs | de | en | eo | es | fr | he | pl | ru | zh |