'''[[Blasones y herramientas]]''' de '''[[Concha Espina]]'''
'''[[La virgen de las batallas]]''' de '''[[Concha Espina]]'''
[[File:Cuentos p.27.jpg|80px|left]]{{tipo3|ndando}} por los caminos de la vida, una linajuda señora llegó a cierta población costera, donde tenía unos parientes, jefes de dos familias y primos entre sí: el uno era marqués y el otro carpintero. Los dos pasaban en el pueblo por buenas y apreciables personas: el uno, en su palacio; el otro, en su taller.
[[File:Cuentos p.27.jpg|80px|left]] la derecha de la imagen se yergue izada, a medio desplegar, una bandera roja y amarilla, que ofrece allí una evocación solemne, única y triste. Está agujereada por los balazos; tiene en la orla del sagrado tejido la flocadura cruel de los combates; unas manchas sangrientas la ennoblecen.
Y los peregrinos se postran en la Cueva, mirando con profunda veneración a la divisa y a la Señora.
{{indent|5}}Más que los estímulos de la sangre, llamaron a la viajera hacia aquellos sitios la curiosidad de conocer el hidalgo solar de sus mayores, la noble casa de sus abuelos, venida a poder del primo titulado, y también el deseo de conseguir una copia del escudo que ornamentaba la ilustre mansión.
{{indent|5}}Debajo de esta Gruta brama el río de Orandi, surgiendo misterioso en un torrente. Se perdió allí arriba, en el sumidero sagrativo de un valle, perforó el Auseva y le viene a rendir su tributo a la Virgen. Brota clamoroso, como una oración mucho tiempo contenida; dice todas las cosas inefables y extrañas que ha callado a través de las peñas.
{{indent|5}}Esta voz rugiente y fervorosa, traspasada de espumas y sollozos, se extiende por el monte de Pelayo con un acento que no se acaba nunca: es la plegaria eterna del paisaje el himno fuerte y bravío de Covadonga, cantando siempre en estas cumbres el romancero de los siglos españoles a los pies de la "Santina", a los pies, hoy, de una bandera.
{{indent|5}}Desde muy niña vivió la señora lejos de la Montaña, su tierra natal, sufriendo las marejadas de un destino veleidoso. Y al cabo de largo tiempo volvía a su país en el goce de una modesta posición, que la colocaba, socialmente, en una distancia media entre el carpintero y el marqués, a quienes no conocía.
<div align="right">'''[[La virgen de las batallas|continuar leyendo...]]'''</div>
<div align="right">'''[[Blasones y herramientas|continuar leyendo...]]'''</div>
la derecha de la imagen se yergue izada, a medio desplegar, una bandera roja y amarilla, que ofrece allí una evocación solemne, única y triste. Está agujereada por los balazos; tiene en la orla del sagrado tejido la flocadura cruel de los combates; unas manchas sangrientas la ennoblecen.
Y los peregrinos se postran en la Cueva, mirando con profunda veneración a la divisa y a la Señora.
Debajo de esta Gruta brama el río de Orandi, surgiendo misterioso en un torrente. Se perdió allí arriba, en el sumidero sagrativo de un valle, perforó el Auseva y le viene a rendir su tributo a la Virgen. Brota clamoroso, como una oración mucho tiempo contenida; dice todas las cosas inefables y extrañas que ha callado a través de las peñas.
Esta voz rugiente y fervorosa, traspasada de espumas y sollozos, se extiende por el monte de Pelayo con un acento que no se acaba nunca: es la plegaria eterna del paisaje el himno fuerte y bravío de Covadonga, cantando siempre en estas cumbres el romancero de los siglos españoles a los pies de la "Santina", a los pies, hoy, de una bandera.