Los viajeros de Ricardo Jaimes Freyre

Anthropos, trovador y caballero, hizo edificar una ermita en la falda de una colina.
Y abandonó su castillo (en la puerta de su castillo, había cadenas de hierro, real honor), y llevó á la ermita la indiferencia de su corazón.
Porque en su espíritu había crepúsculo, así cuando la Primavera reía en las hojas rojas de las rosas, y en la nieve de los jazmines y en la albura húmeda de los lirios, como cuando el Estío hacía cantar á las cigarras entre las hojas, y el Otoño tornasolaba las uvas en las viñas, y el Invierno guiaba sobre la tierra sus tristezas frías y blancas.
Pero la soledad no habló á su oído esas suaves y consoladoras palabras que han escuchado todos los solitarios: «Oculta bajo las alas del Tiempo, vive la Esperanza.»
Y escribió en un muro : «En el lugar en que cayere el árbol, allí quedará.»
Desde la ventana de la ermita, por entre la fronda, iba su mirada al camino zigzagueante al pie de la colina. El sol hería los rostros de los viajeros, ó la lluvia caía sobre sus cabezas, ó la nieve blanqueaba sus hombros, ó la bruma los envolvía con mantos fantásticos. Anthropos los veía espolear sus caballos y pensaba: — Van al amor; van á la ambición; van al miedo.