La virgen de las batallas de Concha Espina

Y los peregrinos se postran en la Cueva, mirando con profunda veneración a la divisa y a la Señora.
Debajo de esta Gruta brama el río de Orandi, surgiendo misterioso en un torrente. Se perdió allí arriba, en el sumidero sagrativo de un valle, perforó el Auseva y le viene a rendir su tributo a la Virgen. Brota clamoroso, como una oración mucho tiempo contenida; dice todas las cosas inefables y extrañas que ha callado a través de las peñas.
Esta voz rugiente y fervorosa, traspasada de espumas y sollozos, se extiende por el monte de Pelayo con un acento que no se acaba nunca: es la plegaria eterna del paisaje el himno fuerte y bravío de Covadonga, cantando siempre en estas cumbres el romancero de los siglos españoles a los pies de la "Santina", a los pies, hoy, de una bandera.