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El "rabuco"

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Cuentos
escrito por Concha Espina
Madrid, 1922 ~ Ortografía original. ~ (¹)


El "Rabuco"


ste pobre Juanín no es un niño pordiosero que anda descalzo sobre la nieve y duerme al desamparo y llora de hambre.

Juanín calza escarpines de bayeta metidos en unas abarcas de madera de aliso; y gasta una blusa relativamente limpia, remendada por una madre cuidadosa, y tiene borona segura y cama abrigada. Además tiene un oficio, es un "niño obrero", todo un artesano, que ejerce la importantísima profesión de rabuco. A veces ganando una peseta diaria, y hasta cinco reales.

‎¡Y me da mucha lástima de Juanín!.

‎El padre trabaja dentro de una casa vecina a la mía, y el niño, más débil, más incapaz que el hombre, le presta su valiosa ayuda, maniobrando a la intemperie, calándose de agua y tiritando de frío, porque, ¡claro!, "para eso es rabuco..."

‎Va y viene Juanín con dos calderos desde la fuente a la obra, hace el mortero en medio de la calle y carga sobre el hombro la artesilla con la mezcla y los sacos de yeso.

‎Con las manos moradas, la nariz roja y las ojeras hundidas, está muy feo y muy triste el pobre Juanín.

‎Dicen que tiene doce años; representa diez a lo sumo; es enteco, chiquito, lánguido; cuando habla parece que va a llorar, y las pocas veces que sonríe parece que está llorando... Se mueve con un aire de resignación y de esfuerzo que infunde ardiente piedad, y mientras trabaja suspira y tose.

‎Y mientras tose y suspira afanándose bajo los rigores del temporal, con la blasilla salpicada de nieve y las almadreñas "haciendo agua", pasará acaso, por la entristecida imaginación de este obreríta la tentadora visión de una huelga general de rabucos?...

‎Cada vez que sube a la casa, contempla el niño con embeleso la obra de su padre. Ser albañil es la aspiración suprema de un rabuco, y ser rabuco, ¡qué suprema tortura debe ser para este niño enfermizo, con un tiempo tan cruel!

‎Al caer la tarde va Juanín de retirada con los demás obreros, y lleva ua andar tan indeciso, tan fatigado, que con un movimiento de tierna solicitud nos detenemos a decirle algunas palabras cariñosas.

‎— Adiós, "hombre"; ¿que tal de aprendizaje? Ya irás adelantando en el oficio, ¿eh?

‎El chico, ensaya un saludo confuso, y el padre, después de otro muy cumplido, nos dice enfáticamente:

‎— ¡Ca! Este lleva "otro rumbo"; en cuanto entre la primavera, le voy a embarcar pa Méjico; ¡a ver si hace algo!...

‎Este padre, que es bueno a su manera, sonríe estúpidamente al darnos cuenta de la bárbara resolución de que ha hecho víctima a su hijo.

‎Y este hijo levanta hacia nosotros una mirada angustiosa, que lo mismo puede revelar la fatiga del día presente, que el terror del día futuro.

‎Y se aleja el niño tan pequeño, tan triste, confundido entre el grupo de obreros. A la luz mortecina del anochecer, se duda si lo que blanquea en su ropita mojada son copos de nieve o gotas de cal.

‎¡Pobre Juanín, que teniendo padres, ha sido rabuco en el rigor del invierno, y le mandan "con rumbo a Méjico" en cuanto florezca la primavera!

‎Otros días, mientras afanaba él delante de mi casa los materiales para la obra, yo pensaba, con cierto alivio a mi compasión, que si la naturaleza ruin del muchacho podía resistir el esfuerzo rudo del aprendizaje, a la vuelta de unos años tendría un oficio que le permitiría ganarse honradamente la vida. Sería un hombre de bien, ¡sería un albañil!

‎Mañana, cuando el chiquillo vaya y venga a la obra y a la fuente, amoratado de frío, tosiendo y suspirando, pensaré, con más honda tristeza, en lo inútil de su lucha abrumadora, cuyas esperanzas han de quedar hundidas en la bodega de un transatlántico, donde al mísero niño le anule como ciudadano español la propia mano paternal, convirtiéndole en un emigrante.

‎Y no merece la pena de haber llegado a la difícil categoría de rabuco y de haberla padecido valerosamente bajo las inclemencias de los inviernos del Norte, para verse enviado con rumbo a Méjico en la debilidad de la niñez con el desvalimiento de la ignorancia y la soledad, cuando sonríe una hermosa primavera en el valle nativo...


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