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El árbol

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El árbol
escrito por Víctor Pérez Petit
Publicado en la « Revista Pegaso » de Julio de 1921. ~ Ortografía original. ~ (1)




I


Era hace veintemil años.

Sobre la tierra enemiga
el hombre, solo y desnudo,
ante los astros vivía.
Bosques inmensos en una
trabazón de pesadilla,
le cerraron con su loca
vegetación la salida.
Montañas hoscas que alzaban
sus sienes despavoridas
sobre cielos de cinabrio,
asombraban su pupila.
Ríos de aguas turbulentas,
mugidoras, siempre vivas,
se le cruzaban al paso
y su paso entorpecían.
Grandes juncales, pantanos
traidores de aguas dormidas,
le acechaban con su fango
oculto bajo la linfa.
Y en medio de ese escenario
de la Natura bravia,
rodeábanle de acechanzas
potestades enemigas.
Era la sombra implacable
que bajo el Sol le seguía;
y eran, durante la noche,
las visiones indecisas
que le turbaban el sueño
con realidades fingidas.
Era el hachazo del rayo;
del trueno la voz maldita;
el subo aullador del viento;
la transparente neblina;
era el eco de los montes;
la luna pálida y fría;
los eclipses; el misterio
de aquello que no se explica.
Y era en contra del invierno
y el hambre, la cruda lidia;
la lucha con otros hombres
de alguna tribu distinta;
y el combate con las fieras
monstruosas que en la colina
en las noches misteriosas
de súbito aparecían,
feroces, rugientes, torvas,
dilatadas las pupilas,
husmeando su presa donde
su instinto la presentía.

Era hace veintemil años.
Sobre la tierra enemiga,
el hombre, solo y desmido,
ante los astros vivía.

II


Pero una tarde — una tarde
perfumada, suave y quieta,—
mientras el Sol se ocultaba
como una inflamada rueda
tras la cima de los montes,
concibió el hombre, la Idea.
Un árbol gigante abría
allí, sobre su cabeza,
el dosel dé su ramaje
en una caricia buena.
Y el hombre, mirando al árbol,
vio en el árbol su defensa
que aquel amigo callado
hasta entonces, en su lengua
dio en decirle las palabras
más soberanas y eternas:
— Yo he de brindarte mi amparo
contra todas las patencias,
y con mi amparo es seguro
que al fin ¡domines a aquéllas,
A mi sombra, de los soles
burlarás las inclemencias;
con mis ramas tendrás lumbre
para templar tu caverna;
te harás armas con mis nervios
y combatirás las fieras;
y cuando, andando los tiempos,
sueñes con otra vivienda,
será de mi que la arranques
en haces de grandes leñas.
Entonces, siempre tu amigo,
decuplicaré tu fuerza,
dándote los instrumentos
que en el trabajo resuenan.
Te daré también el barco
que sobre las olas lleva
hasta otras tierras remotas
los frutos de aquesta tierra.
Y cuando al fin, fatigado
a mis plantas, una t regula
demandes para tus músculos,
te brindaré la serena
canción de mis hojas verdes,
y entre mis hojas, cual gemas,
colocaré los chispazos
de las lejanas estrellas.
Después, aún, ya más tarde,
cuando la vida te venza
y tus mortales despojos
haya de guardar la tierra,
con mi misma carne amiga,
con carne de mi corteza,
he de envolver yo tu carne
por disimular tu afrenta,
y entonces, por siempre unidos,
dormiremos en la eterna
entraña de nuestra madre
común, la Naturaleza."

Y el hombre, escuchando al árbol
en aquella tarde quieta,
sintió que a pesar de todo
la vida aún era buena,

III


¡Oh, Árbol!, tal vez el amigo
primero que tuvo el hombre
sobre la tierra preñada
de acechanzas y de noche;
Árbol valiente, que diste
tu fortaleza de roble
al triste ser que acosaba
Destino con sus golpes;
Árbol grande y generoso,
que en ofrenda diste al pobre,
lo mismo que al potentado,
la riqueza de tus brotes;
Árbol - cuna. Árbol - vivienda.
Árbol - buque. Árbol - torre,
Árbol esencia y resumen
de los terrenales goces,
de los triunfos invictos,
de los preclaros honores;
símbolo de paz y vida,
de trabajo sano y noble,
de esfuerzo constante y rudo,
de armonía bien acorde;
Árbol que pagas con gracias
al que te hiere con golpes,
para enseñar la cristiana
humildad de los perdones;
Árbol herido y tronchado,
que mientras no le despojen
de sus raíces vitales,
renace y vuelve a dar flores,
para darnos el ejemplo
de las fuerzas que disponen
los que cresen en sí mismos
y luchan por ser mejores;
Árbol poesía y encanto
de las gayas tradiciones,
estrofa de los paisajes,
gloria de los horizontes,
consuelo de los oasis,
de las montañas blasones;
Árbol santo y tutelar,
bendito tú por tus nobles
enseñanzas,. por tu fuerza,
tu belleza, tus canciones,
por la esperanza que ofreces,
por la piedad con que acoges,
por la virtud escondida
que trueca tus verdes brotes
en el alma luminosa
de los negruzcos carbones.

¡Sé bendito por los siglos,
Árbol, amigo del hombre!

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