This is an archive copy of wikilivres.ca as of 18 February 2017 (from the WikiTeam dump). The original site is closed.
El caballero triste
| Cuentos escrito por Concha Espina |
| Madrid, 1922 ~ Ortografía original. ~ (¹) |

enía con nosotros un extraño pasajero, ese que casi en todas las navegaciones largas suele llamar la atención distinguiéndose por su aire misterioso, por su soledad y su melancolía; ese que Edmundo de Amicis vió también a bordo del Galileo, y a quien comparaba con Niño Bixio, el célebre guerrillero italiano.
Cuando aquel viajero se eclipsaba durante muchas horas seguidas, corría por el pasaje como un escalofrío la idea de que se hubiese arrojado al mar.
Llevaba el solitario en los ojos una trágica expresión, en la frente un doble profundo, lleno, tal vez, de una historia sombría. Y se extasiaba contemplando la estela del buque, inmóvil en la proa, con la mirada fija en las inquietas espumas; diríase al verle absorto allí, que él también dejaba en su vida un gran rastro hirviente y musitador... Algunos creían que se pasaba las noches a la luz nitescente de la luna, contando las olas y las estrellas; aseguraban otros que tema perturbada la razón; le llamaban El caballero triste, y de cierto se supo únicamente que era hijo de España.
Nos acercábamos al fin de nuestro viaje y ya sentíamos viva y ardiente la impaciencia del arribo. Se lucían por todas partes los ojos iluminados, las caras alegres: sólo el viajero desconocido parecía extraño a la general emoción y se obstinaba en sus meditaciones, cada vez más sugestionado por la estela blanca del buque.
Se agolpó hacia la borda el bullicio y el movimiento en una intensa ráfaga de placer: todas las manos se tendían vibrantes a la tierra, la bella tierra española.
La nube de embarcaciones menudas que acechaba al navío, se ciñó en tomo suyo, apresándole, llenándole de voces y de solicitudes. Y alzóse en el barco un resonante clamor de alegría; los saludos estallaban expresivos, los pañuelos flamearon como banderas, volaron por el aire los besos y los hurras.
El buque surgía en su tenedero, cerca de los muelles, y la escala, extendida, palpitante, se colmó de gente que fué llenando los botes y sembrando de animadas escenas la bahía.
Atrás dejamos en ingrato olvido el trasatlántico generoso que nos devolvía a la patria; quedóse mudo sobre las aguas frías y azules; quedóse quieto bajo el temblor festivo de sus grimpolines.
Las barcas atracaron a la machina con las velas sonoras sobre sus cordajes, los remos encendidos en la púrpura del ocaso.
Y al tocar la ribera se repitieron los cambios fervorosos de caricias, los dulces chasquidos de los besos; los había de madres, de esposas, de niños, de ancianos: besos a montones, ebrios de ternura, largo tiempo soñados y contenidos en anhelante espera.
Sólo al caballero triste nadie le besaba, nadie le estaba esperando. Desembarcó sombrío y silencioso, con la oscura expresión de las pupilas muy clavada en la tierra, y cuando puso en ella los pies, se quitó reverente el sombrero, hincóse de rodillas y, trémulo, demudado, enternecido, la saludó con un beso inefable, el más santo, el más inmaterial y puro de cuantos arrulló la marea en una hora bendita de repatriación.
Estaba anocheciendo: las últimas luces de la tarde se cernían duraderas en las aguas como si la llanura del mar quisiera detener en su confín, con la tristeza moribunda dd sol; la solemne tristeza de aquel beso...
| La monitora | << | El caballero triste
|
>> | La renta de las señoritas |
| Works by this author are in the public domain in countries where the copyright term is the author's life plus 70 years or less. cs | de | en | eo | es | fr | he | pl | ru | zh |