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El poeta escribe a su amada

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El poeta escribe a su amada
escrito por César Miranda
Ortografía original. ~ Publicado en Montevideo, en el « Almanaque ilustrado del Uruguay (1912) » ~(¹)




Harto de actividades nocivas, quiero ahora
hacer una existencia tranquila, y tú, señora,
en quien mis ojos puse en un feliz momento,
debes hacer de modo que persista en mí intento.
Quiero acogerme al lar apacible, quiero
dejar una existencia de amor aventurero,
por el vivir tranquilo, en paz conmigo mismo,
en paz con Dios, en un buen vivir de optimismo;
levantarme á la aurora después de haber dormido
un sueño sin ensueños; relegar al olvido
el fardo de recuerdos de mis últimos años;
explorar con mis besos tus cabellos castaños;
beber tu aliento fresco; reclinarme en tu seno;
sentirme entre tus brazos más amante y más bueno;
trabajar largo tiempo con amor mis poemas
que me producirán alegrías extremas;
hacer cuentos ingenuos de pastores sencillos
y zagaíejas rubias, de rosados carrillos,
que entre la ordeña y el cuidado del aprisco
gustan de la dulzura del amante mordisco.

‎Quiero hacer una vida de amor sin sutilezas.
Quiero ser en un reino ajeno á las tristezas.
Quiero ir hacía las viñas y morder las pintonas
uvas, como en el tiempo de infancia y de rabonas;
y mancharme la boca con el licor díonísío
que da la alegría sana; ó al amor del alísío
que sople en el velamen de mí bajel, ir por
el océano lleno de jazmines en flor.
¡Qué feliz existencia esa que te dibujo
y que Julio pintara con su pincel de brujo!
Familiarmente unidos en un afán gemelo,
los labios en los labios ó los ojos al cíelo,
iríamos, querida, á perezoso paso,
hacía la fuente bajo el ámbar del ocaso.
‎¡Qué cosechar de besos! ¡Qué felices arrimos
llenos de travesura, de azúcar y de mimos!
¡Cuánta ingenua malicia! ¡Cuánta ilusión y cuánta
constelación de besos pusiera en tu garganta !
Bellamente olvidados de las cosas odiosas;
coronados de pámpanos, de mirtos y de rosas»
gustando del granado la codiciada poma
y de la acacia el milagro de la aroma ...
‎En las noches de estío, cuando la luna clara
diera á tu adolescencia un albor de Carrara
y nimbara el estanque con su lumbre hialina,
bajo tu cabellera de sombra adamantina,
daría yo en soñar en cosas de leyenda,
y pensara, querida, en una errante tienda
de peregrino donde, cual esclava sumisa,
me brindaras la gracia rosa de tu sonrisa.
‎¡Oh! ¡qué vivir de dicha en un mundo sin penas,
bajo la protección de las estrellas buenas,
aspirando tu aroma mezclado á la fragancia
de las rosas, mediando entre ambos la distancia
de un beso, que diría don Leopoldo Lugones,
temblando la emoción en nuestros corazones
como una corderíta miedosa ó como una
abuela que velara el sueño de una cuna! ...
‎Y la gracia del sol en la verde campiña
acaso renovara tus caprichos de niñas
« César, quiero volar,» dijeras como antaño;
« las espinas del suelo me están haciendo daño. »
‎« César, quiero volar para coger la estrella
« de los pastores; » y yo, al verte triste y bella,
con un gesto infantil de reproche en los ojos,
buscara ansiosamente de nuevo en los rastrojos,
los gusanos de luz que tú, con cruel aliño,
ultimabas á objeto de adornarte el corpino.
‎¿Pero á qué proseguir, sí tú, señora mía,
tienes buena memoria ? —Ven, sírveme de guía
que muchas lindas cosas que yo he dado al olvido
involuntario, tienen en tu corazón nido.
‎¡Oh! ven, señora mía, que don Cronos se apura,
á beber á mí lado el vaso de ventura
que la vida nos debe ... Ven, y seremos sabios.
¿No se aburren de estar haraganes tus labios?

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