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Jesús/Palacios

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Jesús [1]
escrito por Pedro Bonifacio Palacios
Publicado en el « Almanaque Sud-americano para 1901 » ~ Ortografía original. ~ (¹)



<poem>

‎I

‎Como brota del charco sombrío y á conjuros de luz meridiana, — yo no sé por qué afán de lo triste, — gracioso nenúfar de flores de nácar: la presión secular exprimiendo de la fétida chusma, la entraña, conjuró de aquel barro de sangre la noble azucena doliente de su alma!


‎II

‎Gota pura del bien absoluto de la estirpe mortal, destilada; prodigioso perfil de la errante visión de justicia que sueña la raza; profundísimo beso errabundo que al rozar tus dolores, estalla: perdurable tristeza divina cubriendo las viles tristezas humanas!


‎III

‎Celestial mensajero que siente, — mientras cruza los orbes y baja, — la precisa intuición espantable del hondo vacío voraz que lo traga! Femenina zozobra que al mundo, como palio de lágrimas, guarda; gemebunda torcaz valerosa que al prófugo crimen le tiende las alas!


‎IV

‎Corazón matinal, todo blanco, cuyo fuego de hoguera ofrendaria, con efluvios de mirra, perfuma, de Job, la rabiosa, la trágica sarna! Corazón, cuyo amor intangible sin buscar otro amor, se dilata, como estuvo en el caos el Eterno, sin peso, ni forma, ni rumbos, ni vallas!


‎V

‎Cual se tuercen y escurren flexibles, sin lograr abatir la muralla, ya tenaces, ya febles, ya locos, bramando y silbando, los vientos que pasan: la invasora legión de cariños que á la vida real nos amarra, no logró reducirle, siquiera, ni al sacro materno dogal de la patria!


‎VI

‎Nebulosa de amor: de amor mismo; sin la paz del hogar, que coarta, ni la fiel amistad, que suprime, ni aquel inefable deleite, que sacia! No asirás, hombre fórmula y ergo, su inasible figura esfumada: como polvo de aurora, difuso, difuso en la vida su espíritu vaga!


‎VII

‎Proyectó sugestiones de nimbo su perpetua niñez inspirada; rechazó lo carnal de sus carnes, cual cisne jocundo que hiende las aguas; no sufrió lobregueces de ocaso su fulgor de lucero del alba: blanco César triunfal de lo puro, querube incorpóreo que preña las almas!


‎VIII

‎Como diestros, por sí, se detienen los caudales del mar en la playa; cual germina, y retoña, y produce, silvestre, salvaje, libérrima planta: ni el saber, ni el sofisma turbaron su sagaz, pensativa ignorancia: floración cerebral; tierra virgen; flamígero foco del verbo, que irradia!


‎IX

‎Como aquel predilecto que siente, por geniales virtudes innatas, la noción de las notas que surgen, y ondean, y ríen, cual ninfas hermanas: pudo aquel predilecto admirable, como disco luciente de plata, reflejar, en la noche futura, la eterna, la sola verdad soberana!


‎X

‎Formidable saber que redujo, como á loca jauría, en su alma, cual recoges el cielo en tus ojos, y el mar, y la selva, y el río, y la pampa! Formidable saber que sanciona que tu bien y tu mal son palabras; resonantes palabras vacías! cilicio de púas internas que arrastras!


‎XI

‎Porque luz, y calor, y sonido sólo son cerebrales fantasmas, mientras vibran espacios y soles sumidos en mudas tinieblas heladas! Y así toda su ciencia y la mía: nada más que impresión comparada; nada más que ilusiones eternas que aloja en nosotros el caos que no acaba!


‎XII

‎Pues si aquel escozor de la herida que produjo, en tu carne, la daga, ni le sufre tu músculo roto ni aquel cincelado prodigio que mata: la estupenda, la simple, la hermosa, la cabal creación que proclamas, con la misma inconciencia que vives, debajo del cráneo, vil necio, la fraguas!


‎XIII

‎¡Allí está el Universo! Allí mismo puso Dios su taller y su patria! Desde aquella ruin madriguera colora el vacío y esculpe la nada! Y esos lampos de luz que fulguras, su divino cincel los arranca! Y esos torpes impulsos que sigues, no son más que alientos de Dios que trabaja!


‎XIV

‎Puesto que, si el bacterio más breve, breves horas, apenas, pensara, llenaría, cual tú, su conciencia de leyes, y dudas, y luces, y manchas. Porque cada cerebro es el nudo de la misma labor que le arrancan, como el triste gusano cautivo del frágil capullo de seda que labra!


‎XV

‎Puesto que, de infinito á infinito, lo que es, — no su aspecto: su masa; — te conquista, te absorbe, te agota, cual Eva incansable que nunca se sacia; mientras tú, viejo Adán de la vida, poseído en la sombra, le amas, con la inerte caricia profunda del joven dormido que violan las hadas!


‎XVI

‎Y esto quiso Jesús, en tu abono, cuando puso en la jerga que hablas su perdón ilegal ¡que ha vencido! y es esa que gozas, legal tolerancia! Tolerancia que va paulatina, como crece la fruta en la rama, laborando en tu ley, el derecho de abrir su capullo del todo las almas!


‎XVII

‎Y esto quiso Jesús, en tu abono, cuando echó, por tu bien, á su espalda, no la cruz de tus culpas, que dicen: ¡la cruz de la imbécil sapiencia pasada! Y esto quiso Jesús, en tu abono, fugitiva miseria de paja, diminuto vibrión que conduces, del plan del Eterno, los hilos de llamas!


‎XVIII

‎Ni redujo su amor á linderos, pues no fué su egoísmo el que amaba; ni alcanzó la virtud, con ser ella, de aquel soberano la mínima gracia; ni logró la mujer ablandarle, nada más que cubierta de faltas; y á sus pies, en la cruz, retorcióse, de celos del crimen, su madre sagrada!


‎XIX

‎Convirtió su fracaso en victoria; y en reflejos de solio, su infamia; y á la cruz de su muerte, en el signo que besan y besan las hordas que pasan! Se abrazó de lo vil ¡con sus brazos! le sentó junto á Dios, que callaba, y abrazados así, te sonríen cual dos prefulgentes deidades hermanas!


‎XX

‎Circuló su criterio de madre por el haz de la recua postrada, como ruedan, filtrando la nube, jirones de luna por sobre la piara: y un gemir de titanes vencidos, y un hedor de sudores y llagas, y un bramar de reptiles rebeldes, subieron cual roja, fugaz llamarada!


‎XXI

‎Y lo mismo que al paso de Febo, por el aire sutil, se dilatan resplandores difusos, que corren por valles, y cumbres, y fuentes, y charcas; la primera, la sola caricia, de su pecho fluyó sobrehumana, como el mar, como el sol, como el éter, cual todos los besos de amor que sonaran!


‎XXII

‎¡Sí, la fiera de ayer languidece! ¡sólo es puro el amor que no ama! ¡no son más que resortes que crujen, los padres, los hijos, la aldea y la raza! Como ya construidos los arcos, las inútiles cimbras arrancas, sobrará mucho barro de bestia la vez que despliegues del todo tu talla!


‎XXIII

‎Se vislumbra, en la historia, su mole, como azul eminencia lejana, cuyos flancos enormes conquistan los pueblos que crecen, á luengas jornadas! Migración á la cumbre del Cosmos, cuyas níveas regiones más altas, cruzarás, si no abdicas, tan puro cual cándida tropa de lirios con alas!


‎XXIV

‎Como el tierno capullo de loto, con su lívida frente de nácar, sobre charcos malditos, preside la prófuga serie de soles que bajan; su perfil soñador de azucena, rematando la cúpula humana, como luz hecha flor, simboliza la fúlgida serie de soles que avanzan!


‎La Plata (República Argentina).


  1. ↑ Publicamos este poema con notables modificaciones introducidas por el autor, que hacen de tan hermosa poesía un trabajo casi nuevo. — (N. de la D.)


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