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Psicológicas

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Psicológicas
escrito por Eugenio Noé
Publicado en el « Almanaque Sud-americano para 1901 » ~ Ortografía original. ~ (¹)


Al poeta y cariñoso amigo
Casimiro Prieto
El Poeta

‎Hijo del siglo y mártir de una idea
que en mi cerebro persistente late,
marcho, como el recluta á la pelea,
temiendo los rigores del combate.

‎¡Triste verdad! Mi espíritu cansado
con nervioso fervor se reconcentra
y busca, en los vestigios del pasado,
felicidad que el corazón no encuentra.

‎El fénix del dolor levanta el vuelo
cual si darle quisiera nueva calma;
pero ¡todo es inútil! no hay consuelo
ni más quietud en la región del alma.

‎Mariposas de luz, — las ilusiones, —
aquellas de la mente peregrinas,
se fueron en alados escuadrones,
como en ronda del sol las golondrinas.

‎¡Infelice de mí! La caravana
del mundo voy siguiendo sin objeto:
mi vida es un collar que se desgrana;
su porvenir, ¡un mísero esqueleto!


La Conciencia

‎Aparta de tu frente la tristeza,
reprime su pesar, deten su llanto
y en brazos de la gran naturaleza,
modula el himno de tu noble canto.

‎Ella te da su sol enrojecido
envuelto en los crespones de la tarde,
cuando cesa la música del nido
y el corazón de los recuerdos arde.

‎Te da del mar, sus ondas, su ribera,
bajo un cielo de lúcidos vapores,
y al llegar la graciosa primavera,
paleta, luz, inspiración y flores.

‎Sí, retempla, retémplate y levanta
como la alondra que trasciende el monte
y desde el risco, cuya altura espanta,
busca la magnitud de otro horizonte.


La Duda

‎¿Por qué creer con ciego fanatismo
en la utópica farsa de un consuelo,
cuando es mentira hasta el encanto mismo
de ese azul que el mortal le llama cielo?

‎¿Quién justifica que la excelsa gloria
no es quimérico sueño de la mente
y su vida, la vida transitoria
del ave, de las flores, del torrente?


El Poeta

‎Ya no tiene el vigor mi pensamiento
del cóndor más audaz de la montaña;
densa nube le oculta el firmamento,
pálida luz su derrotero baña...

‎Sus cantos no serán los inmortales
ni el ardor de sus ansias comprendido;
es la hoja que llevan los raudales
á la cripta más negra del olvido.


El Egoísmo

‎¡Oh, desdichado ser! En breves años
del solaz te quedó la remembranza-,
quisiste amar, y torpes desengaños
te obligan á existir sin esperanza.

‎La generosa savia de tu vida
cayó en surco de fútiles quimeras;
hoy no consigues restañar la herida
y de la dicha en pos te desesperas.

‎No más, como en otrora, ilusionado,
persigas con ardor inextinguible,
bajo el estrecho mundo de lo creado
la perspectiva azul de un imposible.

‎¿Por qué empeñarte en una lid austera
que aumentará el encono de tu pecho,
si no obtendrás al fin de la carrera
ni un gajo de laurel en tu provecho?


El Poeta

‎¡Yo me siento morir! Mi ser palpita
á impulsos de la fiebre destructora:
la grandeza del mar será infinita,
mas no como esta sed que me devora...


La Fe

‎Apóstol del dolor, poeta impío,
tú que maldices al libar apena
la repudiada copa del hastío,
que dices ver hasta los bordes llena.

‎Aleja de tus labios el veneno,
recurre á Dios y en su bondad confía
si anhelas ver el ámbito sereno
que no soñó jamás tu fantasía.


La Esperanza

‎¿Por qué te desalientas y enmudeces
si fatalismo no hay, si eres tú mismo
verdugo de un amor que no mereces
y arrastras con estúpido egoísmo?

‎Acércate, mortal, y cuando llores
al borde del averno más profundo,
do se igualan esclavos y señores,
te enseñaré la luz de un nuevo mundo.


El Poeta

‎Cuando el incauto corazón no sabe
más que llorar con su dolor á solas,
la existencia del hombre es una nave
condenada al capricho de las olas.


La Esperanza

‎Yo la quietud devolveré á tu vida,
cuando en tropel se alleguen á la mente
recuerdos de una dicha ya perdida,
dulces, sí, pero tristes al presente.

‎Yo cubriré de rosas tu camino,
daré al mar de tus penas la bonanza
y en la noche fatal de tu destino
será tu salvación: ¡una esperanza!


El Poeta

‎¡Me siento revivir!... ¿Acaso sea
una nueva ficción del alma mía,
que en forma de celeste panacea
la musa bella del amor me envía?

‎Pero, no; es ella misma, la esperanza,
la virgen ideal, la soñadora,
surgiendo del país de lontananza
como una tenue claridad de aurora.

‎Por eso yo, febril, como el que aspira
al laurel inmarchito del que crea,
busco otra vez, para cantar, la lira;
busco otra vez, para cantar, la idea.

‎Porque ella tiene un corazón de oro
y el alma noble del mejor amigo;
en los momentos plácidos ¡la adoro!
y en las horas de angustia ¡la bendigo!

‎¡Oh graciosa y espléndida hechicera,
tanto más bella cuanto más querida,
toma, toma mi ser y regenera
las gastadas raíces de su vida!


‎Buenos Aires, Abril de 1900.

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