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Una historia

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Una historia
escrito por Martín Coronado
Publicado en el libro « Antología de poetas argentinos » Tomo X, del año 1910. ~ Ortografía original. ~ (1)



COMPOSICIÓN LEIDA EN LA CONFERENCIA DADA EN MERCEDES,
POR LA SOCIEDAD «PORVENIR LITERARIO» EL 24 DE SETIEMBRE DE 187O.


I


‎Laura la casta doncella
De peregrino semblante,
Era tan tierna y amante
Como candorosa y bella.

‎Y Carlos, el solo dueño
De aquel corazón en flor,
La amaba con ese amor
Que hace de la vida un sueño.

‎Esto bastaba á llenar
El anhelo de los dos,
Por que amar es creer en Dios,
Es ser bueno y es gozar.

‎¡Y pasaban sin dolor
Las horas de su existencia,
Sin más sombra en su conciencia
Que la imagen de su amor;

‎Sin más recuerdo que aquel
Que traía á su memoria,
En ella á Carlos su gloria,
Y á Laura, su encanto, en él!

‎Y sin más afán sentido
Que el afán de la avecilla
Que busca entre la gramilla
La paja para su nido.


II


‎Así en dulce languidez
Iban los días corriendo,
Cuando resonó tremendo
El grito del año diez.

‎Carlos, patriota entusiasta,
Tomó el fusil en sus manos,
Y dijo con sus hermanos
A los opresores: « ¡Basta! »

‎Y dando el adiós postrero
A Laura su bien querido,
Cambió su humilde vestido
Por el traje del guerrero.


III


‎Laura lloró, no ese llanto
Que enrrojece las mejillas:
Laura lloró de rodillas,
Con una especie de encanto.

‎Sus labios no se entreabrieron
Para exhalar un gemido:
Ante el martirio sentido
Temblaron y enmudecieron.

‎¡Parecía aquella calma
La calma del moribundo,
Que mira radiante el mundo
Cuando se le escapa el alma!

‎¡Oh! no hay dolor en la vida
Para la mujer que ama,
Como el que en ella derrama,
Un adiós de despedida.

‎La flor bella y perfumada
Que pasara en un instante
De los labios de su amante
A su boca enamorada;

‎El beso lleno de fuego,
De lágrimas y de amor;
El recuerdo seductor
De una promesa y un ruego;

‎La última frase que oyera,
Y la huella que él dejara,
Y el paso que se alejara,
Y el rumor que se perdiera;

‎Son ¡ay! para la mujer
Que en vano á su ídolo llama,
Algo extraño, una amalgama
De amargura y de placer.

‎La ansiedad de la agonía
Y el goce del bien logrado...
¡Un sollozo entrelazado
Con un canto de alegría!


IV

 
‎Pasó la tarde galana,
Y la noche silenciosa,
Y cándida y vaporosa
Volvió á lucir la mañana.

‎Y Laura, siempre de hinojos,
Inmóvil se mantenía,
Absorta, pálida, fría,
Enjuto el llanto en los ojos.

‎¿Cómo pudo padecer
Su martirio hora por hora?
¿Por qué la luz de la aurora
No la halló muerta al nacer?

‎¿Qué palabras de consuelo
Escuchó? ¿quién la sostuvo?
Dios, que en sus labios estuvo,
Guardó el secreto en el cielo.


V

‎Era una noche: la luna
Lanzaba su luz postrera
Sobre el pueblo que meciera
De Laura y Carlos la cuna.

‎Un silencio sepulcral
Reinaba: solo una puerta
Permanecía entreabierta:
La puerta de un hospital;

‎¡De un hogar de bendición
Para el infeliz soldado
Que caía denodado
¡Al pie de su pabellón!...

‎Vertida la última gota
De sangre, en humilde lecho
A la sombra de aquel techo
Iba á morir un patriota.

‎Contra la hueste extranjera
Fué el primero en batallar,
Y el primero en empapar
Con su sangre su bandera.

‎¡Y ahora noble piedad
La ofrece aquel lecho blando,
Para que espire cantando
Un himno á la libertad!


VI


‎Mas no morirá el soldado
Solo y triste; una figura
Blanca, llena de ternura,
Corre anhelante á su lado.

‎Es el ángel de bondad
Que llaman en derredor
« Hermana » por el amor,
« Madre » por la caridad.

‎Y ella solícita avanza
Y llega junto al herido
Para decide al oído
Una frase de esperanza.

‎Una frase toda calma,
Melodiosa, arrobadora...
¡Frase de una alma que llora
Para que no llore otra alma!

‎Y se inclina vacilante
Hacia él, y cariñosa,
Su dulce mirada posa
En su pálido semblante.

‎Entonces desgarrador
Gemido lanza su pecho,
Y se arroja sobre el lecho
Loca de angustia y de amor.

‎¡Carlos! grita... el moribundo
Se estremece: en un instante
Se alza ébrio y delirante,
Que aquel grito encierra un mundo.

‎¡Laura! con pena murmura,
Viviendo para su amada,
Y su sombría mirada
Un relámpago fulgura.

‎En tanto la muerte cruel
A Carlos llama ligera...
Y cuando su amado muera,
¿Laura vivirá sin él?


VII

‎La noche huye: los dos
Inmóviles todavía,
Pueden ver con alegría
En la mañana á su Dios.

‎¡Una hora mas!... entreabiertos
Ríen sus labios unidos...
¿Duermen?... sí... están dormidos
Con el sueño de los muertos.


VIII

‎Hace algún tiempo, esta historia
Por vez primera escuché,
Y de entonces la guardé
Con cariño en mi memoria.

‎Y al oír de un hospital
Solo el nombre, nuevamente
Traigo á los dos á mi mente
Desde su lecho nupcial.

‎Y hoy que miro conmovido
Reunirse el pueblo afanoso,
Para brindar el reposo
Y el alivio al desvalido,

‎Esa historia de otra edad,
Con su triste y dulce encanto
Llega hasta mí bajo el manto
De la tierna caridad.

‎De esa caridad divina
Que llena el alma de amor,
Y alza templos al dolor
Sobre la tierra argentina.

‎Setiembre 22 de 1870.

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