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El capullo: Difference between revisions

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{{indent|5}}— Mañana ofrecemos "la rosa" — me dijo.  
— Mañana ofrecemos "la rosa" — me dijo.  


{{indent|5}}— Y eso ¿qué significa ?  
— Y eso ¿qué significa?  


{{indent|5}}— Pues que las coléalas buenas le llevan una rosa a la Virgen; las que han sido "medianas" ofrecen un capullo, y las peores..., esas van detrás de la comitiva, y no llevan nada.  
— Pues que las colegialas buenas le llevan una rosa a la Virgen; las que han sido "medianas" ofrecen un capullo, y las peores..., esas van detrás de la comitiva, y no llevan nada.  


{{indent|5}}Quedó un momento absorta, mi conferenciante, y yo interrumpí su silencio:  
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{{indent|5}}— Tú habrás sido "peor" y te quedarás a la cola con las manos vacías.  
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{{indent|5}}— No — me dijo prontamente, enrojedendo un poco—, yo be sido "mediana", y llevaré a la Virgen un capullo.  
{{indent|5}}— No —me dijo prontamente, enrojedendo un poco—, yo he sido "mediana", y llevaré a la Virgen un capullo.  


{{indent|5}}Había una graciosa modestia en la expresión con que la niña se resignó a ofrecer en la capilla del colegio un humilde brote de rosa, a la Madre del Amor Hermoso...  
{{indent|5}}Había una graciosa modestia en la expresión con que la niña se resignó a ofrecer en la capilla del colegio un humilde brote de rosa, a la Madre del Amor Hermoso...  
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{{indent|5}}Pocos días después de esta plática menuda, era de verdad que la chiquilla ofreció en el altar de la Virgen un lindo capullo: su corazón. Llegóse a comulgar por vez primera, tan tímida y alegre, tan chiquituca, toda envuelta en un velo blanco y en una sonrisa inmaculada, trenzadas las manos sobre su pechito infantil, abiertos los velados ojos con dulce afán sobre el santo misterio, y encendidos los labios inocentes por una sed divina, infinita sed del Amor Hermoso que la Virgen guarda en su regazo maternal.  
{{indent|5}}Pocos días después de esta plática menuda, era de verdad que la chiquilla ofreció en el altar de la Virgen un lindo capullo: su corazón. Llegóse a comulgar por vez primera, tan tímida y alegre, tan chiquituca, toda envuelta en un velo blanco y en una sonrisa inmaculada, trenzadas las manos sobre su pechito infantil, abiertos los velados ojos con dulce afán sobre el santo misterio, y encendidos los labios inocentes por una sed divina, infinita sed del Amor Hermoso que la Virgen guarda en su regazo maternal.  


{{indent|5}}Yo vi a la niña así, de hinojos en las gradas del prebisterio, y recordé como una profecia aquella humilde réplica suya: ''Le llevaré a la Virgen un capullo''. Se lo llevó, era cierto... A capullo de rosa trascendía su corazoncito en flor, entreabierto a la celeste luz de la Hostia consagrada; a capullo de mujer se pareda el cuerpo de la nena, nubado en blancos tules, menudo y grácil, trémulo de purísima emoción...  
{{indent|5}}Yo vi a la niña así, de hinojos en las gradas del prebisterio, y recordé como una profecía aquella humilde réplica suya: ''Le llevaré a la Virgen un capullo''. Se lo llevó, era cierto... A capullo de rosa trascendía su corazoncito en flor, entreabierto a la celeste luz de la Hostia consagrada; a capullo de mujer se parecía el cuerpo de la nena, nubado en blancos tules, menudo y grácil, trémulo de purísima emoción...  


{{indent|5}}Niña; capullo: ¿qué vientos de la vida mecerán tu existencia? ¿Qué pasiones, qué tempestades del mundo agitarán tus horas? Si algun tiempo, rosa y mujer, te doblas, alcanzada por cruel destino martirízador, no olvides que en riente primavera ofreciste a Dios, en el altar de María, el fragante capullo de tu corazón cristiano...  
{{indent|5}}Niña; capullo: ¿qué vientos de la vida mecerán tu existencia? ¿Qué pasiones, qué tempestades del mundo agitarán tus horas? Si algun tiempo, rosa y mujer, te doblas, alcanzada por cruel destino martirízador, no olvides que en riente primavera ofreciste a Dios, en el altar de María, el fragante capullo de tu corazón cristiano...  

Revision as of 16:33, 5 June 2012

Cuentos
escrito por Concha Espina
Madrid, 1922 ~ Ortografía original. ~ (¹)


El capullo


uvimos una plática la niña y yo.

— Mañana ofrecemos "la rosa" — me dijo.

— Y eso ¿qué significa?

— Pues que las colegialas buenas le llevan una rosa a la Virgen; las que han sido "medianas" ofrecen un capullo, y las peores..., esas van detrás de la comitiva, y no llevan nada.

‎Quedó un momento absorta, mi conferenciante, y yo interrumpí su silencio:

‎— Tú habrás sido "peor" y te quedarás a la cola con las manos vacías.

‎— No —me dijo prontamente, enrojedendo un poco—, yo he sido "mediana", y llevaré a la Virgen un capullo.

‎Había una graciosa modestia en la expresión con que la niña se resignó a ofrecer en la capilla del colegio un humilde brote de rosa, a la Madre del Amor Hermoso...

‎Pocos días después de esta plática menuda, era de verdad que la chiquilla ofreció en el altar de la Virgen un lindo capullo: su corazón. Llegóse a comulgar por vez primera, tan tímida y alegre, tan chiquituca, toda envuelta en un velo blanco y en una sonrisa inmaculada, trenzadas las manos sobre su pechito infantil, abiertos los velados ojos con dulce afán sobre el santo misterio, y encendidos los labios inocentes por una sed divina, infinita sed del Amor Hermoso que la Virgen guarda en su regazo maternal.

‎Yo vi a la niña así, de hinojos en las gradas del prebisterio, y recordé como una profecía aquella humilde réplica suya: Le llevaré a la Virgen un capullo. Se lo llevó, era cierto... A capullo de rosa trascendía su corazoncito en flor, entreabierto a la celeste luz de la Hostia consagrada; a capullo de mujer se parecía el cuerpo de la nena, nubado en blancos tules, menudo y grácil, trémulo de purísima emoción...

‎Niña; capullo: ¿qué vientos de la vida mecerán tu existencia? ¿Qué pasiones, qué tempestades del mundo agitarán tus horas? Si algun tiempo, rosa y mujer, te doblas, alcanzada por cruel destino martirízador, no olvides que en riente primavera ofreciste a Dios, en el altar de María, el fragante capullo de tu corazón cristiano...


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