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Impresiones americanas/25

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XXIV Impresiones americanas
escrito por Rafael Conte Mayolino
XXVI



¡Hail columbia!


‎Esta mañana, mientras tomaba el desayuno, Jack, mi criado, se permitió silbar el Yankee Doodle, al colocar sobre la mesa el servicio de café. No habían transcurrido cinco minutos, cuando un italiano, de esos que recorren la ciudad tocando el organillo, se detuvo debajo de mi ventana, y después de dispararme á quemarropa el intermezzo de Cavalleria Rusticana y el miserere de El Trovador, acabó de despertar al vecindario con los marciales acordes del himno nacional.

‎Salí á la calle y encontré un grupo numeroso de chiquillos que se dirigían á la escuela, marchando como soldados y cantando á gritos el Hail Columbia, Happy Land! Los caballos de un carro que pasaba, ostentaban en las colleras dos pequeñas banderas americanas. En la esquina del Boulevarcl varios pilluelos jugaban á la guerra y se arrojaban bolas de nieve.

‎Al pasar junto á ellos, oí á uno exclamar: Ustedes son Inglaterra y Alemania; nosotros somos Únele Sam!

‎Y lo decía lleno de patriótico orgullo.

‎Proseguí mi camino, y la batalla continuó.

‎Cuando llegué á la Estación del ferrocarril elevado situada en la esquina de la Avenida Columbus y la calle 66, la muchacha que allí vende periódicos me entregó el número del Herald, que acostumbro tomar, diciéndome: ¡Noticias importantes/ Parece que vamos á tener otra, guerra. Yo tengo un hermano en la milicia: mi novio es marinero: ahora está en las Antillas con el Almirante Dewey: él peleó en Santiago á bordo del Indiana.»

‎Tomé el periódico y hé aquí lo que leí: «La situación en Venezuela es sumamente peligrosa: Washington teme que surjan graves complicaciones: Puede sobrevenir la guerra: Los Estados Unidos decididos d hacer respetar la doctrina de Monroe. »

‎No tuve necesidad de leer más para explicarme el lenguaje belicoso de la vendedora de periódicos, el entusiasmo marcial de los muchachos, el adorno de las colleras de los caballos, el himno nacional del organillo y el Yankee Doodle de mi criado Jack.




‎Tal es este país. ¡Hasta los niños son patriotas y se enteran en seguida de los sucesos que ocurren! ¡hasta las vendedoras de periódicos están familiarizadas con la política! ¡hasta los carretoneros y los criados saben lo que pasa y tienen su opinión! Tal es este país, tan mal estudiado, tan poco conocido. Tal es este país, lleno de defectos, que soy uno de los pocos en señalar; pero lleno también de grandezas y virtudes que soy el primero en admirar y reconocer.

‎Con cuanta razón exclamó Laboulaye, sorprendido y admirado: ¡Adelante, hijos dé los puritanos, que el porvenir es vuestro!; porque vosotros constituís el pueblo más grande y más cristiano de la tierra! ....


‎New York, Diciembre de 1903.