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Impresiones americanas/33
| XXXII | Impresiones americanas escrito por Rafael Conte Mayolino |
XXXIV |
Casi todos los artículos que forman los capítulos de esta obra fueron escritos en aquella época feliz en que Cuba, nación independiente y soberana, se ofrecía al mundo como ejemplo vivo de lo que pueden la abnegación, el patriotismo y la cordura de un pueblo.
Con cuánto placer y, al mismo tiempo, con cuánta tristeza acude á mi memoria el recuerdo imborrable de aquella pequeña república, tan ordenada, tan floreciente, tan digna de admiración y respeto!; de aquella república que yo me complacía en presentar, como modelo, ante esos mismos americanos que entonces nos aplaudían con entusiasmo, y que hoy (¡vergüenza para nosotros!) nos contemplan con lástima, ó nos miran de soslayo con desprecio.
Y, sin embargo: á pesar de todas nuestras faltas, de todos nuestros errores y de todas nuestras culpas, no necesitamos que nos compadezcan, ni merecemos que nos desdeñen.
La inexperiencia del pueblo cubano, su defectuosa preparación para el gobierno propio y acaso más que nada, su detestable educación hispano-tropical, fueron causa de que se hundiera la república que á costa de tantas lágrimas y tanta sangre habíamos fundado.
De esa catástrofe que á todos por igual nos afecta, no debemos — ni honradamente poemos - culpar á nadie por separado; pero, al mismo tiempo, podemos y debemos acusarnos todos en conjunto.
Pero no basta con que reconozcamos el error pasado. Para que Cuba se levante del estado de postración y enervamiento en que yace; para que logremos verla de nuevo próspera y feliz (tan próspera y feliz como ella merece ser y nosotros queremos que sea) es preciso que nos arrepintamos de lo hecho, é indispensable que hagamos firme propósito de enmienda.
Nos encontramos, precisamente, en uno de esos grandes momentos históricos en que la salvación de un país depende de la honradez y del patriotismo de sus hijos.
De lo que hagamos ahora dependerá lo que tendremos que hacer luego.
No debemos echar en olvido que una falta (la más leve) puede precipitar una catástrofe irreparable, una catástrofe que al convertir á Cuba en factoría de una poderosa nación extranjera, reduciría á los cubanos á la humillante condición de parias.
¡Evitemos que tal suceda!; ¡evitémoslo los patriotas por decoro!; ¡evitémoslo todos por espíritu de conservación!
¿Qué importa que Cuba prospere y se engrandezca al amparo de ese pabellón de las estrellas y las barras, que en días de gloriosa memoria tremoló junto al nuestro, pero que hoy amenaza con flotar en lugar suyo? ¿Qué importa que bajo el gobierno de los yankees aumente el valor de los terrenos, y florezca la industria, y renazca la agricultura y se extienda el comercio? ¿Qué importa que el suelo que pisamos llegue á valer diez, cien, mil veces más de lo que hoy vale, si toda esa prosperidad y toda esa riqueza estarán en manos extrañas? ¿Qué importa que Cuba se transforme en un paraíso, si no seremos sus hijos quienes habremos de disfrutarlo?
Preguntad á los boers, preguntad á los puertoriquenos, preguntad á los tunecinos, si la prosperidad de que hoy gozan sus respectivos países les afecta y beneficia á ellos en lo más mínimo.
Impidamos á toda costa que esta tierra, donde nacimos deje de ser nuestra patria, para convertirse en nuestra cárcel!
Y ¿quién, juventud cubana, quién con más eficacia que tú podrá impedirlo? ¿quién con más derecho que tú lo impediría? ¿quién se atrevería á disputarte el honor de guiar á nuestro pueblo por la senda del bien, á ti, que eres buena, á ti, que eres robusta, á ti, que eres heroica, á ti, que eres grande?
¡Lucha sin tregua, juventud cubana!; ¡arranca de tu corazón noble y generoso el germen deesa terrible enfermedad que aniquila á casi todos los pueblos de nuestra raza, y que se llama odio de partidos...
Y suceda lo que suceda, y tomen los acontecimientos el sesgo que tomaren, tú debes siempre pensar que Cuba está sobre todo y muy por encima de todos.
¡Sé laboriosa, juventud cubana; sé honrada, sé enérgica, y sé, antes que nada, amante — muy amante — de tu patria, y celosa — muy celosa — de su honra!
Habana, Septiembre de 1908.