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Impresiones americanas/13

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XII Impresiones americanas
escrito por Rafael Conte Mayolino
IV


La cultura americana


‎ No creo que exista nada tan engañoso como las estadísticas, cuando se trata de averiguar el grado de cultura de un pueblo.


‎ En los Estados Unidos, por ejemplo, son muy contadas las personas que no saben leer. Examinamos una estadística americana; notamos el reducido número de illiterate persons que aquí existen, y no podemos menos de exclamar: «¡oh, los Estados Unidos! ¡qué culto, qué admirable país!»


‎ Y cuando tal pensamos, nos equivocamos de medio á medio.


‎ Aquí, es cierto, la educación está al alcance de todos; las escuelas públicas abundan, y según antes decía, es muy raro encontrar una persona, sin distinción de sexo, edad ni color, que no sepa leer; pero, á pesar de todo, la cultura en los Estados Unidos dista mucho de estar tan extendida como se supone.


‎ El hecho de que un individuo sepa leer, no implica que ese individuo sea una persona culta.


‎ Y precisamente eso es lo que ocurre en este país: todo el mundo sabe leer; pero las personas cultas no abundan.


‎ Si á buscar fuéramos todas las causas de la falta de cultura de este pueblo, tendríamos, antes que nada, que hacer un estudio profundo del carácter americano, y otro, no menos minucioso, de la condición social del país.


‎ Y al ocuparnos de una cosa ó de otra, nos apartaríamos completamente de la índole de este trabajo.


‎ El Gobierno Interventor, guiado por un loable deseo de perfeccionar el sistema de enseñanza primaria en Cuba, envió á este país un grupo numeroso de maestras y maestros cubanos, los cuales permanecieron algún tiempo en la Universidad de Harvard, y regresaron después á esa Isla en buenas condiciones para enseñar. Implantóse en la nueva República el sistema escolar americano, y hoy contamos con un organismo bastante completo y superior al de muchos países cuyos nombres figuran en primera fila en el libro-registro de los pueblos civilizados.


‎ Sin embargo, el autor de este artículo no cree que el viaje á Harvard de los maestros cubanos haya sido todo lo fructífero que hubiera sido de desear; ni puede creer tampoco en la eficacia del sistema de educación en Cuba implantado, toda vez que es idéntico al existente en los Estados Unidos, con todas sus ventajas, que se ha tenido buen cuidado de calcar; pero también con todos sus defectos (y son muchos) que nadie se ha tomado el trabajo de corregir.


‎ Si los maestros que aquí estuvieron hubieran permanecido más tiempo en el país, y si se hubieran tomado la molestia de juzgar de la bondad del sistema de enseñanza que aquí se sigue por los resultados prácticos que da; si hubieran estudiado á conciencia las ventajas y desventajas que ofrece, estamos seguros de que, al implantarse en nuestra patria el régimen escolar americano, hubiéramos podido hacerlo introduciendo en él ciertas mejoras, que harían de Cuba, en cuestiones pedagógicas, uno de los países más adelantados del mundo.


‎ Hace poco más de un ano, el gobierno francés envió á los Estados Unidos una comisión, con objeto de estudiar el plan de enseñanza primaria americano, para introducir en las escuelas francesas todas aquellas ventajas que, á juicio de los comisionados, ofreciera el sistema yánkee.


‎ Nótese, sin embargo, que los franceses se limitaron á tomar lo bueno que aquí hallaron, teniendo cuidado, al mismo tiempo, de desechar ó perfeccionar lo que encontraron malo ó defectuoso.


‎ En Cuba no se hizo así, sino que, por el contrario, se implantó el régimen escolar americano, sin cambios ni modificaciones de ninguna clase, con sus muchas é innegables ventajas, pero también con todos sus muchísimos defectos.


‎ Porque de muchos y muy graves adolecéis. Escuela Americana.


‎ El alumno (sin excepciones), al abandonar, después de ocho años (!), la Grammar School, NO SABE ABSOLUTAMENTE NADA. Y no vaya á creerse que esto es una exageración. Nosotros, que hemos residido en este país durante muchos años, dedicados preferentemente al estudio, hemos llegado á esa conclusión en extremo dolorosa.


‎ Durante los ocho años que se prolonga el curso de enseñanza primaria, ó Grammar School, á los alumnos se les enseña (?) Gramática, Aritmética, Geografía, Historia, Latín, Griego y Francés, ó Alemán (!).


‎ Cuando abandonan la escuela primaria para dirigirse á la High School, saben bien las cuatro reglas de enteros; conocen (muy superficialmente) los quebrados y desconocen por completo los decimales.


‎ No pueden escribir una carta sin preguntar la manera de deletrear (!) las palabras más simples. La etimología es letra muerta en este país, aun para las personas más cultas. Si dirigís á esos alumnos algunas preguntas sobre Geografía é Historia, les costará trabajo responder. Y en materia de idiomas... ¡bueno! hablan bastante mal el suyo propio.


‎ No hay uno de ellos, sin embargo, que no haya leído ó esté leyendo á Shakespeare y á Longfellow...


‎ Entre las jóvenes, sobre todo, es esto más común. Los muchachos, generalmente, tan pronto abandonan la escuela se dedican á un oficio cualquiera, y ya no vuelven á leer en su vida otra cosa que el Journal ó el World.


‎ Fácilmente se comprende que una señorita que tiene que preguntar el modo de deletrear las palabras cuando escribe una carta familiar, no debe ni puede leer los clásicos. Pero aquí todo se hace porque sí; y si los resultados son negativos, pues ¡no importa! y si resulta bien la cosa, pues ¡mejor!.


‎ La causa (la principal; hay muchas accesorias) de esa poca cultura de los estudiantes americanos debe buscarse en las maestras.


‎ Casi todas las jovencitas que tienen algunas pretensiones, al salir de la Grammar School se dedican al magisterio. Para obtener un diploma tienen que aprobar antes un curso en la High School.


‎ Lo que estudian durante ese curso no es, ni con mucho, lo que tiene que estudiar un alumno cubano del tercer año de Bachillerato, y lo que saben, al terminar, lo sabe cualquier estudiante de Cuba, del segundo año, que haya estudiado á conciencia las asignaturas de nuestro plan de enseñanza superior.


‎ Carecen de cultura y, por consiguiente, no pueden dar aquello de que carecen. Para ensenar es necesario, antes que nada, aprender: después, aprender á enseñar.


‎ Las maestras americanas conocen el arte de enseñar, saben pedagogía.


‎ Pero no pueden enseñar á sus discípulos porque... simplemente, porque ellas tienen mucho que aprender.


‎ New York, Octubre de 1903.