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Impresiones americanas/14
| XIII | Impresiones americanas escrito por Rafael Conte Mayolino |
V |
El otro día me decía un dominicano prominente que me distingue con su amistad:
— «Créame usted, amigo mío: estoy avergonzado de mis paisanos; porque no debo ni puedo decir que lo estoy de mi país. Desde la trágica muerte de Lili, aquello no ha sido una nación. La conducta de mis compatriotas es bochornosa; y bien merecido nos tenemos el desprecio del mundo civilizado. Las pasiones de los dominicanos no reconocen freno. Todos los días se matan multitud de hombres útiles y buenos, para que sea presidente Juan ó Pedro.
« Y lo más triste de todo es la ignorancia de nuestro pueblo, que lucha y se hace pedazos sin saber por qué, y en muchos casos ni siquiera por quién combate.
« Para que usted comprenda hasta qué punto son criminales esos ambiciosos que, sin otro objeto que su elevación personal, lanzan constantemente á nuestro pueblo por la senda de la rebelión, citaré á usted el siguiente caso, del cual fui testigo, cuando el pronunciamiento del actual presidente, general Wos y Gil:
« Un oficial insurrecto reclutaba en La Vega tropas para la revolución, entre los campesinos del lugar. Cerca de cincuenta se alistaron bajo su bandera. Pocas horas después, tropezaron los rebeldes con las tropas del gobierno; y entonces, en aquel momento en que probablemente muchos de los reclutas iban á morir, uno de ellos, más listo que sus compañeros, acercóse al oficial y le preguntó:
— Y dígame, comandante: ¿por quién es el quién vive?
« Aquellos desgraciados ignoraban hasta el nombre del individuo (!!) por quien iban á luchar, tal vez á sucumbir.
Mi amigo, al hablar así, se expresaba con toda la amargura de un verdadero patriota que deplora las desgracias de su país.
— ¿Cuál será el resultado de la revolución actual? — hube de preguntarle.
— Espero que vencerá el gobierno.
— La situación es, sin embargo, crítica.
— Oh! no lo crea... Usted no conoce á Wos y Gil!
— ¿Qué opina usted del viaje del Ministro de Relaciones Exteriores, Galván, á los Estados Unidos?
— Creo que ofrecerá al gobierno americano, á cambio de su apoyo, la bahía de Samaná.
— ¿Y si no aceptan los americanos, por ser ese un acto que se apartaría de todo principio internacional?
— El señor Galván, entonces, tendrá el derecho de fundar su oferta en el precedente establecido en Panamá por los mismos yankees.
— Y si rehusaran, á pesar de todo?
— Entonces sería desesperada la situación del presidente Wos y Gil.
— ¿Cree usted que tendría que abandonar la Presidencia?
— Probablemente. Y Santo Domingo habría perdido un buen gobernante, y caería otra vez en poder de esa camarilla de desalmados y ambiciosos, dispuestos á sacrificarlo todo, aun la felicidad de la patria, á su medro personal.
— ¡Pobre Santo Domingo! — exclamé.
— Sí, ¡pobre Santo Domingo! — gritó furioso mi amigo. Pero que no se figure Don Juan Jiménez que gozará mucho tiempo de su triunfo. Aunque Wos y Gil tenga que abandonar el gobierno, no tardará en volver á ocupar la silla presidencial.
— Y ¿cuándo logrará eso?— me atreví á preguntarle.
— Antes de un año: tan pronto...
Le interrumpí:
— ¿Tan pronto se celebren las elecciones?
— No: tan pronto tengamos armas y municiones para una nueva revolución (!!!)
New York, Noviembre de 1904.