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Impresiones americanas/29

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XXVIII Impresiones americanas
escrito por Rafael Conte Mayolino
XXX



El placentero Mr. Taft


‎Come in, sir, come in how do you do?

‎— Señor Secretario...

‎— Déjese de títulos altisonantes, my friend: llámeme « Mr. Taft » á secas.

‎— Oh, ver y well! how do you do, Mr. Taft?

‎— Very well, tliank you: delighted!, como dice mi buen amigo Teddy.

‎— ¿Quién?

‎— Hombre!, Teodoro, el Presidente, Roosevelt, en una palabra. Ya sabe usted que ha puesto de moda entre los políticos y diplomáticos de mi país esta expresión: delighted. Yo sólo la empleo en ciertos y determinados casos: cuando tengo verdadero gusto de ver á una persona: á usted, por ejemplo: ¡Delighted to see you, my friend! Y, á propósito, ¿cómo se llama usted?

‎— Fulano de Tal.

‎— Ah, sí; ¡qué memoria la mía!... de Tal, el dear señor de Tal; how do you do, mister de Tal? I am delighted to see you! ...

‎— Desearía saber...

‎— Sí, ya comprendo: cómo está mi esposa, ¿no es eso?

‎— Eh?

‎ Vaya, hombre, vaya!, ustedes los chicos de la prensa habanera son siempre tan amables, tan corteses, tan galantes con las damas. Pues bien, Mrs. Taft y yo nos reuniremos en Puerto Rico. Usted no puede tener una idea de lo mucho que ha sentido ella el verse privada del placer de venir á la Habana, para dar personalmente las gracias á los repórters, por las muchas finezas y atenciones que le dispensaron; pero no importa! aquí estoy yo para eso. Thank you, my friend, thank you, very much! Y ¿qué tal marcha su periódico? Supongo que muy bien: oh! su periódico es uno de los que leo con más gusto desde que llegué á la Habana. ¿Cómo se titula su periódico, my friend?

‎— ¿Y qué me dice de los gallos?

‎— Ah!, sí, los gallos, jé, jé, jé! los gallos... los roosters, que decimos en inglés: es un animal muy simpático el gallo: ¿no opina usted lo mismo my friend? A mí no deja de gustarme; pero prefiero los pollos tiernos, spring chickcns, que decimos por allá. Y ¡qué ricamente los prepara Sherry! ¿Se acuerda usted de Sherry, my friend?

‎— Sí; pero yo no me refiero á eso, Mr. Taft: lo que deseo que me diga es algo sobre las peleas de gallos.

‎— Oh!, las peleas de gallos, en!, jé, jé, jé!, las peleas de gallos. . . cock ftghts. Me han dicho que una parte del pueblo cubano es algo aficionada á ese sport. Yo, por mi parte, prefiero el base-ball. Y, á propósito de base-ball, ¿qué tal anda el Jai- Alai?

‎— Quisiera conocer su opinión sobre el problema cubano.

‎— Eh! who knows!: recuerde usted que yo acabo de llegar y que apenas si he tenido tiempo para cambiar impresiones con Mr. Magoon.

‎— Me parece, sin embargo, que...

‎— Venga á verme cada vez que lo desee. Yo siempre tengo mucho gusto en verlo á usted, mister de Tal.

‎— Y de las elecciones, qué?

‎— Bien, qué?

‎— Eso pregunto yo.

‎— Y yo.

‎— ¿Se celebrarán en breve?

‎— Es probable.

‎— ¿En Octubre?

‎— No es difícil.

‎— ¿Se demorarán, acaso, hasta Diciembre?

‎— Tal vez.

‎— ¿Y entre tanto?

‎— ¡Oh!, entre tanto! qué simpático es usted! Ahora tengo que salir en automóvil con Magoon. ¿Quiere usted acompañarnos, mister de Tal? No deje de volver á verme. Good day, my friend, good day. I am delighted to see you!.




‎Y Mr. Taft sube al automóvil, donde ya le aguarda Magoon, y en el que, por consiguiente, apenas queda sitio para el chauffeur.




‎Todo el que diga que ha logrado sacarle más al sonriente secretario de Roosevelt, falta abiertamente á la verdad.


‎Habana, Noviembre de 1907.