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Impresiones americanas/30
| XXIX | Impresiones americanas escrito por Rafael Conte Mayolino |
XXXI |
tablezca en Cuba el juicio por ju-
rados. La cosa parece absurda
cuando se recuerda que la com-
plexión psicológica y el estado
social de este país y el jurado son
absolutamente incompatibles.»
CUBA.
{Editorial de ayer.)
Pues... estaríamos frescos!
Mi ilustre amigo Mr. Ira W. O'Reilly, famoso jurisconsulto americano, me refirió hace cosa de dos años, en una de esas deliciosas sobremesas del café Savarin, la siguiente curiosísima anécdota, de cuya histórica autenticidad respondo:
«Acababa de obtener mi título de abogado, cuando cierto día recibí un oficio de la Corte Criminal, en el que se me comunicaba haber sido nombrado, de oficio, para encargarme de la defensa de un irlandés llamado Patrick Mc. Govern, acusado de asesinato.
« No podía negarme; y como sólo disponía de veinticuatro horas para imponerme del sumario, me apresuré á examinar el legajo de papelotes que había dejado sobre mi mesa el alguacil que me trajo la notificación.
« Una rápida ojeada me bastó para comprender que mi cliente estaba perdido.
« En su crimen — que ni siquiera podía negar, por haber sido cometido en presencia de varios testigos — concurrían todas las circunstancias cualificativas del asesinato en primer grado — como decimos aquí —y que, como usted sabe, se castiga invariablemente con la silla eléctrica.
« Premeditación, alevosía, ensañamiento... de todo esto había en el crimen de Patrick; y á mayor abundamiento, y como para que el caso resultara completo, el imbécil de Me Govern había cometido el asesinato á las doce de la noche, lo que complicaba el asunto, pues concurría la circunstancia agravante de nocturnidad.
«Sin perder un minuto me dirigí á la cárcel de Las Tumbas, y solicité ver á mi defendido.
« — Pat, le dije, eres un bestia, como tal has procedido, y nada tienes que esperar. Haré en obsequio tuyo cuanto pueda; pero desde ahora te prevengo de que todo será inútil, y que ni yo ni nadie puede salvarte de la silla ele'ctrica.
« — Bien está, suspiró el pobre diablo; ¿qué le vamos á hacer?
«Aquella estoica resignación me conmovió; y resolví hacer todo género de esfuerzos para impedir que cayera sobre su cabeza todo el peso de la Ley.
« Llegó el día señalado para el juicio; y sin mutiles discusiones procedimos, el fiscal y yo, a la elección del jurado, que en menos de un cuarto de hora estuvo completo.
« Uno de sus miembros llamó desde luego mi atención: era un irlandés cerrado, una especie de Pat y á quien se parecía en todo, tanto en lo físico como en lo moral.
« — Este, me dije, es el hombre que necesito. Y cuando á medio día se suspendió la vista para ser continuada á las dos de la tarde, me valí de ciertos ardides, muy conocidos de todos los abogados neoyorkinos, y conseguí hablar á solas durante cinco minutos con aquel individuo.
« — Amigo mío, le dije: al pobre Patrick Mc Govern lo van á matar en la silla eléctrica, y usted será responsable ante Dios de su muerte.
« El hombre me miró, abriendo desmesuradamente los ojos.
« — Usted es católico, proseguí diciendo, lo mismo que él, y como él irlandés. Pues bien: usted no debe nunca consentir que ese hombre, que es su compatriota y su hermano en Dios, perezca en el cadalso. Patrick ha cometido un crimen horrendo, es cierto; pero no porque él haya matado tiene usted el derecho de hacerle morir, Si usted no quiere que muera, no morirá, pues para condenarle es preciso que los doce individuos que componen el jurado estén de acuerdo. Soy el primero en comprender que Me Go vern debe ser castigado; pero me parece que con que le condenen á reclusión perpetua la justicia de los hombres no quedará burlada, y Dios, en su infinita bondad, se alegrará de que no muera ese desgraciado. Para lograr esto, no tiene usted que hacer más que mantenerse firme cuando llegue el momento de la votación, y sostener que se trata de un homicidio y no de un asesinato.
« El hombre vaciló, tartamudeó algunas vaciedades; pero acabó por dejarse convencer; y cuando me separé de él me había jurado, por Dios y San Patricio, que no cedería un ápice, y que por mucho que le instaran sus compañeros de jurado, no votaría sino por homicidio.
««Se reanudó la sesión: hablé durante media hora; ¡qué informe tan disparatado!; pero resultó bonito, como resultan siempre los discursos que careen de lógica, y no dejó de causar cierta impresión en el auditorio.
« Después habló el fiscal, y en seguida se retiró á deliberar el jurado.
« Una hora más tarde regresó.
« — ¿Cuál es vuestro veredicto?, preguntó el juez.
« — Estimamos, respondió el presidente, que el acusado es culpable de . . homicidio.
« ¡Creí volverme loco de alegría! El irlandés, evidentemente, había cumplido su juramento.
« Patrick fué sentenciado á cadena perpetua; y todos abandonamos la Corte Criminal.
« Ya en la calle, me detuve para aguardar á mi ¡iombre, que no tardó en salir.
« — Gracias, amigo mío, le dije; se ha conducido usted como un caballero... pero vamos á ver: refiérame usted los incidentes de la votación; porque estoy seguro de que habrá tenido usted que luchar...
« — ¡Qué si he tenido que luchar!... respondió aquel imbécil, limpiándose el sudor que corría por su frente: no lo sabe usted bien. Figúrese que todos estaban empeñados en que Pal era inocente; pero como yo había jurado mantenerme firme en lo del homicidio!... »
Esto ocurrió nada menos que en los Estados Unidos.
Ahora « alguien va á pedir que se establezca en Cuba el juicio por jurados ».
¡Por vida de Pat!
Habana, Enero de 1908.