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Impresiones americanas/31
| XXX | Impresiones americanas escrito por Rafael Conte Mayolino |
XXXII |
¿ Conocen ustedes al poeta Isaías Gamboa M? Allá, en un rincón selvático y obscuro de los Andes, en medio de las medrosidades y lobregueces espectrales de los bosques vírgenes de la virgen América, sin más compañía que el dulce trinar de las canoras aves y el recuerdo ¡ay! melancólico, de la ella amable y pálida", de transparentinas manos liliales, el bardo gris, el dulce y soñador Apolo andino, templa su laúd...
Esto, traducido al castellano, significa que un sujeto llamado Isaías Gamboa M. (Martínez 6 Menéndez) que tiene el mal gusto de vivir cerca de la Cordillera de los Andes, y que mata sus ocios escribiendo versos (muy ripiosos probablemente) se prepara á perpetrar un libro de poesías, mejor ó peor hilvanadas.
El primer párrafo, el que me he visto precisado á verter al lenguaje que mejor conocemos los cubanos, aparece todos los días en uno ó más periódicos habaneros.
Tú debes haberlo visto muchas veces, amigo lector.
Forma parte de esa prosa enfermiza que cultiva con deleite una porción no pequeña de la falange de literatos en agraz que padecemos, para quienes no existe otro dios que el disparate, ni más culto que el auto-bombo.
Engañados por elogios prematuros (y las más de las veces inmerecidos); cegados más tarde por un concepto exagerado de su propio valer, esos jóvenes, á muchos de los cuales no les faltan aptitudes ni talento, consumen los años mejores de su vida en una lucha estéril, que acaba por rendirlos, por aniquilarlos, por hacerles insoportable la existencia, que sin embargo, tan plácida y risueña se les ofrecía.
Y es que se obstinan en vivir en un mundo imaginario que sus cerebros calenturientos han forjado; que no quieren amoldarse á la vida, sino que, por el contrario, pretenden que la humanidad entera se amolde á sus necios caprichos.
¡Átomos impalpables que en su ridicula soberbia se juzgan capaces de hacer volcar el carro inmenso de Juguernault!
Son misántropos: odian á sus semejantes, porque se niegan á aplaudirlos ; y no comprenden, ¡no acaban de comprender!, que lo que el mundo siente por ellos no es mala voluntad, sino indiferencia.
¡Ah! yo quisiera tener alguna influencia sobre ellos, para decirles:
¡Deponed vuestra actitud airada: venid al seno de la vida, que aquí os aguardamos con los brazos abiertos! Compartiréis con nosotros ciertos deleites cuya existencia ni siquiera sospecháis. Amaréis realmente y seréis amados. Estrecharéis en vuestros brazos mujeres de carne y hueso (no fantásticas princesas azules de ojos glaucos ní opalinos, únicas hembras que hasta el presente habéis logrado abrazar); comprenderéis que no es sólo posible, sino fácil, comer todos los días; os convenceréis de que las ninas pálidas y rubias de mirar tortolino gustan más del galanteo de un hombre fuerte, vigoroso, elegante y bien oliente, que sepa deslizar en sus oídos algunas palabrejas oportunas, que de los madrigales nostálgicos y llorones del vate pringoso de luenga y enmarañada cabellera, debilucho de espíritu y de cuerpo, é incapaz de ganarse el pan de cada día como debe hacerlo todo fiel cristiano. Y acabaréis por convenceros de que ese poeta Isaías Gamboa, del rincón más tenebroso de los Andes; y el otro, Melquíades Sotomayor, director del Ateneo de Tlampanclampec; y éste, y aquél, y el de más allá, son todos unos idiotas; sí, señores, unos idiotas, tal como suena; y vosotros hacéis un papel muy ridículo cuando les dirigís elogios, que os pagan luego con un nombramiento de socio correspondiente de la academia de Santa Fe de Cucurumacacá, ó cosa por el estilo.
Yo les diría todo esto; y añadiría, para terminar:
Tened cuidado, mis jóvenes amigos: os estáis con virtiendo en algo peor que el hazme reír de la humanidad: sois ya su hazme sonreír. Y si la risa es mala, la sonrisa es atroz.
Habana, Octubre de 1907.