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Niegan nuestro dolor
Los que ya no son jóvenes niegan nuestra amargura
Y el brusco desencanto que la vida nos da ;
Los que ya están de vuelta de todos los caminos
No entienden que emprendemos otro camino igual.
¿ Será que no recuerdan los años juveniles ?
¿ O, acaso, porque ignoran después de tanto andar,
Después del repetido sangrar de mil heridas
Cual fue, de las heridas, la que doliera más ?
La rama tierna es frágil y blanda para el hacha ;
El árbol fuerte afirma su raíz, sin temblar,
Cuando la antena múltiple de sus hojas le anuncia
Que llega el huracán...
El dolor que sufrimos es dolor de sorpresa,
Destruye carne nueva la asechanza mortal ;
Somos como un guerrero que olvidara su escudo,
Sin previsión ahondamos el inquieto esperar.
Y es en plena esperanza donde se ensaña el golpe
Porque las sombras odian nuestra gran claridad ;
Hay sonrisas de burla para el bello entusiasmo
De quienes no aprendieron todavía a dudar.
El que duda adivina la violencia del choque,
El que ha vivido sabe cómo atenuar el mal,
Pero aquel que aún ignora la trágica jornada
De los rudos asombros. Aquel que al iniciar
Un magnifico vuelo, siente sobre las alas
El ataque brutal
Que las destroza, escucha la voz del desaliento :
Encerrarse en sí mismo y en silencio llorar.
Los que ya no son jóvenes niegan nuestra amargura ;
Después de tanto andar,
No saben cuál ha sido de todas las heridas
La que doliera más.
Dicen : — « Toda comienzo, rie la adolescencia ;
La tristeza es bagaje de quien va hacia el final. »
Y es porque no recuerdan
Cuanto concluir terrible hay en nuestro empezar...